Mi mujer de verde

Después de varios intentos frustrados, ahí estábamos tú y yo, la noche de San Valentín, esperando para enfrentarnos a ellos. Nuestro grupo, ese que tú me descubriste cuando ni siquiera ellos sabían todo lo que estaba por venir. Ni ellos ni nosotros, que nos hemos encontrado con un final de año lleno de heridas y sin tiempo para cicatrizar. Teníamos una cita con Izal.

Izal fue el bálsamo que iba a calmarnos, como cuando curas la herida con alcohol: escuece al principio, cura al final. Y así fue como afrontamos ese concierto: nervios y emoción que ya llevaban a flor de piel días antes de la cita. Una cita que esperábamos desde hacía un par de años, desde que pudimos disfrutar de ellos durante una hora escasa, suficiente para dejarnos con ganas de (mucho) más. En mi caso, con hambre de engullir su, en aquel momento, primer y único álbum: Magia y efectos especiales. En aquel concierto, y aunque éramos muchos menos de la mitad que nos congregamos el sábado pasado, ya fluía una energía eléctrica que nacía del escenario y que se transmitía uno por uno.

Y así, después de devorar infinitas veces sus Agujeros de gusano y su gran Magia y efectos especiales, les esperábamos con los brazos, los oídos y los sentidos abiertos de par en par. Y no defraudaron. Os desvelo ya el final de la historia: la cita fue perfecta.

Razzmatazz fue el lugar elegido y, a pesar de no ser la sala que mejor acústica ofrece de Barcelona, pudimos disfrutar de un concierto con un sonido más que pulido. (El por qué todos los artistas eligen Razz como sala de conciertos lo discutiremos otro día).

¿Y ellos? Izal salieron a comerse el escenario y a demostrar por qué han conseguido alzarse como un cohete en el panorama musical y por qué han colgado el cartel de sold out (entre ellas, en Barcelona) en muchas de las fechas de su gira de “despedida“. La fuerza con la que empezaron a tocar y la respuesta inmediata de un público que esperaba ansioso las primeras notas llenaron la sala de una intensidad que calaba. ¿Quién contagiaba a quién?

Las canciones se sucedieron sin descanso. Tema tras tema, letra tras letra, nota tras nota. Y suena esa canción con la que llevas unos días sin parar, aquella que describe perfectamente esa época en la que pensabas que Izal solo hablaba de ti, de vosotros, de aquello que pudo ser y no fue. De esperanzas y relaciones incumplidas. De amor y de desamor. Despedidas, asuntos delicados, mariposas que muerden, intercambios de información, explicaciones que no se han pedido… Si algo tiene Izal es esa capacidad de hacerte conectar con sus letras, porque “todas las canciones hablan de mí”.

Y entre espasmos, vibraciones, ruido y mucho hambre pasaron los minutos. Y cuando el final se acercaba y la mujer de verde aún no había aparecido, tú me viniste a la mente con mucha más fuerza, como llevas haciendo desde que te fuiste. Y ellos la cantaron y parecía que yo te cantaba a ti. Y te canté y te eché de menos más que nunca.

Y después, paz.

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