Arctic Monkeys. Un mismo camino.

Una cosa tengo clara y es que Arctic Monkeys es uno de los grupos más importantes y representativos de nuestra generación. La gente de mi edad hemos crecido con ellos, ha sido una especie de crecimiento generacional y, por qué no, cultural. Nos empezamos deleitando en sus principios con sus singles sacados a través de MySpace y sus primeros EP. Aquí I Bet You Look Good On The Dancefloor o Fake Tales of San Francisco ya nos entraron por el oído. Y por la vista: sus apariciones en televisión nos daban la sensación de tener la apariencia de un grupo de amigos vestidos en chándal, en plena pubertad y que tocaban realmente bien la guitarra. Nos estaban ofreciendo algo de lo que, en aquellos tiempos, estábamos algo huérfanos: frescura. Recuerdo perfectamente el videoclip de I Bet You Look Good On The Dancefloor, es de esos videoclips que no tienen nada en especial pero que se quedan grabados en mi mente. Es una especie de típico directo (real) de los antiguos programas independientes de UK, donde se mostraban los grupos alternativos de la época tipo Joy Division o Happy Mondays de la mano de Tony Wilson (ver 24 Hours Party People, fantástica y altamente recomendada). En dicho vídeo no se llegaba ni a la perfección acústica ni vocal, todo sonaba como muy garage y la puesta en escena, muy de estar por casa. Eso hizo que, como un imán, nos atrajera hacia ellos.

Sus tres primeros álbums fueron gloriosos. Su début, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (para mí, su mejor disco con diferencia), está lleno de guitarras con finales totalmente apoteósicos. Hits con aires más comerciales que todavía, a día de hoy, perduran y no nos cansamos de escuchar eternamente: Mardy Bum o The View From the Afternoon –este último, con un videoclip más que aceptable. Todo el LP cuenta con un aire muy british. Además, he tenido la suerte de verlos en concierto en todas sus etapas, y su primer concierto en la sala Razzmatazz fue una locura. Tocaron el disco entero y Alex Turner y los suyos iban más que perjudicados. Incluso el audio sonaba sucio, pero todo era muy real. En muchos de sus temazos, la gente se subía al escenario debido a la locura colectiva que se estaba viviendo. 

De este primer álbum me gustaría mencionar A Certain Romance, Dancing Shoes o Perhaps Vampires Is a Bit Strong But… aunque, a pesar de ello, vale la pena escuchar el álbum al completo para saborear esta joya.

Me gustaría ensalzar una característica del grupo, y es que toda su carrera no se basa tan solo en realizar material comercial sino que, a parte de ello, tienen numerosas caras B. Muchas de ellas con videoclip de gran elaboración y un gran éxito final. Leave Before the Lights Come on es uno de mis temas favoritos de la época y servía como una especie de enlace a su siguiente álbum, Favourite Worst Nightmare. Más tarde crearían temas más dispares y originales, o saldrían a la luz otros más creados por pura diversión.

Favourite Worst Nightmare seguía por los mismos derroteros que su predecesor. Ya se notaba algún cambio más melódico, pero el toque británico seguía presente. Empieza por todo lo alto con una canción muy cañera como era su estandarte, Brainstorm, y continuaba con una serie de temas más variados entre pop, dark y algo más tranquilo y relajante. En la tracklist hay una canción que se convirtió incluso en mi ringtone, la tenía pegada a mi cabeza, y era Teddy Picker. He de decir que el videoclip me decepcionó un poco, ya que esperaba que siguiesen con el nivel mostrado, pero todo no se puede tener. Aquí ya se puede apreciar el toque vintage hacia el que iba la banda. En cambio Flourescent Adolescent sí que sobrepasó mis expectativas.

El directo esta vez fue en una carpa montada (ahora ya desaparecida) en la zona alta de Barcelona llamada Espacio Movistar. Aquí ya fue otro rollo, tocaron una setlist bastante parecida al primero, pero esta vez con una acústica mucho más limpia y perfecta. Aquí se pudo apreciar que tenían madera de grupo grande. Dicho concierto fue antes de la presentación de su tercer álbum Humbug.

Humbug, sufrió un pequeño cambio de estilo, todavía no completo, pero nos avisaba de lo que podía venir. Es un álbum mucho más comercial, pero conservaba acordes de lo que tuvo y de lo que tendría en un futuro. No era un disco brillante pero todavía se mantenía. Las canciones que más me gustaban era Cornerstone o Crying Lighting, dos temas más relajados. El cambio ya estaba incluso afectando a los componentes de grupo que ya empezaban a llevar ropa más ajustada, chupas de cuero, tejanas y un cabello extremadamente largo.

El cambio completo se produjo finalmente en su siguiente disco, Suck it and See. Tengo que reconocer que aquí mis oídos sufrieron un rechazo. Quizás no había madurado del todo musicalmente y me pareció incluso un insulto. Estos Arctic Monkeys ya no sonaban a rock inglés, sonaban a rockabilly al más puro estilo americano. Todo me sonaba comercial y solo me preguntaba: “¿por qué han hecho esto?” ¿El resultado? No compré su álbum. Me gustaban canciones sueltas pero ya no eran los Arctic que yo conocía. Desconecté durante un tiempo en busca de nuevo sonidos.

Pasó el tiempo y ya estaba en pleno cambio musical, pero cayó en mis manos por casualidad un auténtico temazo, R U Mine, un single avance de su último álbum AM que salió mucho antes. Me encantó, quizás fue mi madurez, pero volvían a gustarme. Compré el CD y he de reconocer que, todavía sin identificar al grupo de mi vida, entendí que se habían reinventado y era para bien. Ya mezclaban sonidos pop con guitarras sucias. Tocaban temas más profundos. En resumidas cuentas, aquello que sonaba me gustaba. Quizás no me apasionaba, pero mis oídos lo toleraban. Temas tan sólidos como Do I Wanna Know, Arabella o I Wanna Be Yours (¿otro enlace de lo que será el grupo en el futuro?) me encantan y le dan credibilidad a la banda.

Entonces probé suerte y volví a escuchar Suck it and See y entendí esa transición: lo habían conseguido. Ya son un grupo grande y llenan estadios. Por supuesto la metamorfosis ya fue completa y el estilo de Alex Turner y cía. es totalmente rockabilly. Comparad ahora una imagen actual con una de sus inicios: ese es el camino del éxito. Eso sí, para ser una gran estrella se debe tener personalidad y ellos la tienen. De hecho, siempre la han tenido. No es un grupo que caiga especialmente bien, pero eso en realidad no es más que carácter. Lo que cuenta es ser escuchado y recordado.

Juzguen ustedes cómo ha sido su carrera y lo qué les depara. Yo estaré aquí esperando atentamente.

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