Bloc Party vuelve a tropezar con “Hymns”

Podría decir que personalmente (y sin dudarlo) Bloc Party es una de las mayores decepciones que arrastramos desde casi diez años y que me han marcado. También afirmaría (concienzudamente) que su primer trabajo Silent Alarm es una de esas maravillosas piezas de coleccionista que guardas en tu memoria para siempre. Y estoy seguro de que no soy el único que opina esto.

Año tras año se espera que vuelvan aquellos Bloc Party que estuvieron en lo más alto de la música indie durante un corto espacio de tiempo junto a otros grupos nuevos que surgieron para quedarse. En cuestión de tres años aparecieron Franz Ferdinand con su álbum homónimo, Silent Alarm de Bloc Party, y la ópera prima de Arctic Monkeys, Whatever People Say I Am, That’s What I’m not. De momento los tres perduran, pero en diferentes escalafones. El 29 de enero Bloc Party volvieron con Hymns, pero de nuevo no han estado a la altura que esperábamos.

De un álbum diez pasamos a un más que regulero quinto trabajo que se aleja definitivamente de lo que eran en un principio. Pasando por una búsqueda de identidad que ha derivado en algo bastante irreconocible y confuso. Por este camino descendente nos hemos encontrado con temas interesantes (o por lo menos destacables) a pesar de que toquen diferentes estilos de música: dance, electrónica o pop comercial. Por ejemplo, y en orden cronológico, The Prayer, I Still Remember, Flux, Ares, Mercury, Talons y alguno más que nos dejamos en el tintero. Eso sí, repetimos de nuevo, muy alejado de su primer trabajo de estudio realizado a base de guitarras incisivas, poderosos solos musicales y una energía fresca y pegadiza.

Hymns vuelve a mostrar las debilidades del grupo y parece que quiere destacar una de sus virtudes: la voz del líder Kele Okereke. Un álbum muy variopinto, que por cierto no es su peor trabajo, repleto de efectos sonoros que no empastan y ritmos más comerciales. Una sucesión de canciones que abre con su tema presentación del álbum The Love Within (quizás su peor elección de entre las 11 totales), una especie de canción indie-festiva un tanto desangelada. El disco continúa con diferentes altibajos. Una desalentadora Only He Can Heal Me da paso a una de las mejores canciones, So Real, donde se vislumbran algunos riffs de sus mejores tiempos. Seguidamente The Good News mantiene un poco el nivel de la anterior con guitarras un poco más al estilo Blur. Pero a partir de aquí los temas disco y pop van apareciendo, canciones blandas que se encaminan hacia el indie-pop más reconocible con estribillos llamativos para todos los públicos, sólo maquillados por la voz destacable de Kele. My True Name surge de entre medio de diferentes canciones que se asemejan las unas con las otras, pero quizás ya es demasiado tarde.

A pesar de que Hymns es un trabajo medio, casi se podría denominar como su tercer mejor disco. Que funcionará seguro en los escenarios, porque si algo tiene la banda es un directo muy animado. Podremos disfrutar de ellos en el FIB 2016 y dejarán seguro un buen sabor de boca porque siempre son un buen acierto incluirlos en un festival. En resumidas cuentas, toda esta crítica no sería posible si no tuviéramos un resquicio de esperanza, y dicen que la esperanza es lo último que se pierde.

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