La primavera (Sound) de nuestras vidas

A pesar de que ha pasado ya una semana desde los primeros conciertos del Primavera Sound 2016, aún seguimos asimilando todo lo que vimos. Y una manera útil de hacerlo es poner por escrito, sin querer alargarnos demasiado (o sí), lo que vivimos en algunos de los mejores conciertos de los que disfrutamos.

Este ranking de nuestros conciertos favoritos lo veréis en dos posts diferentes porque no queremos aburriros. Al contrario, nos encantaría poder acercaros poco o mucho de lo que disfrutamos, poneros los dientes largos, contagiaros la energía que nos estuvo moviendo durante todo el fin de semana pasado. El Primavera Sound ha sido una manera rápida y eficaz de recargar las pilas mentalmente, una especie de vacaciones sin salir de la ciudad, pero una huida eficaz de la rutina. Y el lunes de vuelta fue como si nos reincorporáramos de las vacaciones de verano: dramático.

Y un apunte: era la primera vez que veíamos a todos estos grupos. Las expectativas estaban altas y lo mejor de todo es que se cumplieron.

Los expertos dicen que este ha sido el mejor cartel del Primavera Sound de todas las ediciones hasta la fecha. No podemos hablar por experiencia propia, pero sí que nos cuesta imaginarnos un festival mejor.

ambiente

Sin más, aquí os presentamos el ránking de los mejores conciertos del Team (parte 1):

Sigur Rós

Quedará repetitivo si os decimos, en cada uno de los conciertos, que nos moríamos de ganas por verlo. Pero Sigur Rós era uno de los cabezas de cartel y una de nuestras prioridades. La banda inició su gira en el Primavera Sound y encima del escenario sólo estaban los tres componentes del grupo. Ningún acompañamiento más, algo que (según los expertos) no se veía desde hacía años. Iniciaron el concierto con un tema inédito, “Óveður”, al que le siguieron otros temas más conocidos, como “Festival”, “Glósoli” o “Sæglópur”.

Uno de los momentos cumbre fue en la última canción antes del bis, Hafsól, un tema de casi 9 minutos en un in crescendo que explotó en los dos minutos finales con un ritmo de los que dejan agotados sólo con presenciarlo.

Fue un recital de canciones infinitas de las que consiguen llevarte al borde del infarto y con las que los vellos permanecen de punta durante todo el concierto. Pocos consiguen eso. ¿Y qué más da no entender las letras? Su lenguaje es universal. Aunque nos quedamos con las ganas de escuchar “Hoppípolla”.

Sigur Rós es uno de los grupos que mejor encajan en la definición de “hacer música” en su acepción más pura, la de fabricar, producir. Las maniobras para tocar los diferentes sonidos que parecen no caber en sólo tres personas dan sentido a la música en directo. La música es eso. Y todo envuelto en una elegancia y delicadeza, que no competían en ningún instante con la intensidad, que convirtió esa hora y media en un momento mágico. Lo mejor del Primavera Sound.

Radiohead

El concierto más esperado para muchos y el de más poder de convocatoria. Hablan de una asistencia de 30.000 personas, unos dos Palau Sant Jordi de pie, bien juntitos, esperando a ver a uno de los grupos de rock más importantes del panorama internacional y uno de los que han marcado la pauta y el estilo de tantos otros que vinieron después. Los ingleses no se hicieron rogar y salieron a su citas puntuales, discretos, calmados, una actitud que contrastaba con la impaciencia del público. Iniciaron el repertorio con “Burn The Witch”, el primer sencillo de su nuevo álbum, al que le siguió “Daydreaming”, también del nuevo disco.

No pasaremos a detallar la setlist porque no pondríamos fin a este artículo. El repertorio estuvo acertadamente elegido, con tantos grandes hits que apenas daba tiempo a tomar aire en uno y otro: “The National Anthem”, “Lotus Flower”, “No Surprises” (madre mía), “Karma Police” (lágrimas), “Idioteque”, “Street Spirit”… Para el primer bis (porque hubo un segundo, el gran bis) dejaron temas como “Bloom”, “Paranoid Android”, “Nude”, “2+2=5” y “There, There”.

Y sí, llegó el momento que todo el mundo deseaba y que no sé si todos esperaban: cuando parecía que se iban para no volver, la banda inglesa apareció de nuevo, aparentemente agradecida y emocionada con ese público que no bajó de intensidad en ningún momento, para regalarles lo que querían (queríamos): “Creep”. Ese tema que hacía años que no tocaban porque de tan sobado que lo tenían decidieron darle un descanso. Y así acabó todo.

Radiohead demostró por qué han llegado donde están, después de dos décadas ofreciendo su música y yendo por caminos poco convencionales. Nos molestó no poder verle bien la cara a Thom Yorke porque la realización que se proyectó del concierto en las pantallas fue tan psicodélica que apenas distinguimos quién o qué era qué.

Lo mejor del concierto fueron los silencios, esos momentos que anhelamos en tantas ocasiones, siempre necesarios y que suelen aparecer con tan poca frecuencia que molesta. 30.000 personas calladas, escuchando respetuosamente e hipnotizados por el espectáculo. Una de las deficiencias fue la falta de volumen si no estabas en el principio del recinto, pero a pesar de eso, el silencio en “Daydreaming”, una canción mayoritariamente instrumental, y quizás una de las que más se echó de menos un poquito más de potencia en los altavoces, fue demoledor. Tan sorprendente que emociona.

Suede

Y con este concierto empezó todo. Se trataba de la primera jornada de festival (miércoles), gratuita, por lo que la convocatoria estaba asegurada: poder ver a una de las banda de britpop de los 90 por excelencia y poder contemplar al carismático Brett Anderson por el módico precio de 0 euros es algo goloso.

Este fue el primero de los dos conciertos que ofrecieron en esta edición de Primavera Sound. El segundo fue al día siguiente, un show audiovisual centrado únicamente en presentar su último álbum, “Night Thougths”, y que por desgracia nos perdimos. En este primero, la banda hizo un repaso por todos sus hits, un concierto de aquellos que los fans más esperan porque asistes con la certeza de que se enlazarán temazo tras temazo. Y así fue.

Suede empezó el concierto con “Introducind the band” y, seguidamente y como por arte de magia, sonó “Outsiders”, nuestra canción favorita de su último disco y con la que no contábamos. Fuimos afortunados porque nos quedamos con las ganas de ver su segundo concierto.

Brett Anderson, el líder de la formación, hizo gala de una energía inacabable y de un carisma propios de quien lleva más de 20 años sobre el escenario. Se ganó al público con sus movimientos y con su entrega literal, ya que bajó varias veces del escenario para cantar apoyado en la valla mientras sus fans se le abalanzaban y disfrutaban de la cercanía física del cantante. Tanta fue la entrega que Brett Anderson acabó con la camisa rota.

Durante el concierto se fueron sucediendo sus clásicos, como “Animal Nitrate”, “The Drowners”, “Still Life”, “So Young” o “Beautiful Ones”. Suede acabó con un bis en el que tocaron “She’s in Fashion” y “New Generation”. Lo dieron todo a pesar de que al día siguiente debían volver a actuar, aunque para nosotros este fue el primer y único concierto de Suede en el festival.

suede

Savages

El cuarteto inglés fue el encargado de encabezar una tanda de conciertos repleto de grandes nombres. Y menudo comienzo, porque el grupo liderado por la carismática (y salvaje) Jehnny Beth se sobrepuso a un horario que no beneficiaba para nada a la banda. Los tintes oscuros, casi negros, que desprenden sus guitarras se merecían un horario algo más tardío y con la gente más metida en el festival. Pero, a pesar de esto, la respuesta fue apabullante y es que no es difícil rendirse a un directo tan potente, rabioso, agresivo y estiloso a la vez como el que vimos. Con un público totalmente entregado desde el primer momento, la banda se quiso acercar, y vaya si lo hizo.

La líder del grupo se quejó de que había mucha distancia entre escenario y público y decidió saltarse todo tipo de barrera. La mitad del concierto se la pasó entre el público, incitando y provocando a la gente sin parar y, al mismo tiempo, sin perder en ningún momento el hilo del los temas. Uno de los grandes momentos y, para nosotros, del festival, fue cuando interpretó una de las canciones sostenida por las rodillas encima por el público. Jehnny Beth parecía una especie de imán que acaparaba todas las miradas.

Interpretando los temas de sus dos álbumes de mercado, Savages se dejó para el final del repertorio los temas más contundentes, entre ellos “Hit me” o “T.I.W.Y.G.”, una elección más que ideal para un festival, dejando para el último uno de sus temas más pegadizos (y esperados por nosotros), “Fuckers”. Un éxtasis final que culminó de una forma sobresaliente, igual que el grado de satisfacción con el cual nos fuimos.

savages

PJ Harvey

Después de ver el directo de PJ Harvey, las primeras palabras que nos vienen a la cabeza son clase y sobriedad. Teníamos muchas ganas y curiosidad por ver a una de esas grandes artistas que has visto toda tu vida por la tele, uno de esos iconos de la música que ya sabíamos que no nos iba a defraudar. No nos esperábamos el tipo de recital que nos ofreció. Teníamos idealizada a la cantante de otro modo, más extravagante y movida, pero igualmente nos dejó con la boca abierta.

La inglesa se presentó en el escenario Heineken junto a toda su banda tocando una marcha que sirvió de intro. Ella, con su saxofón en sus manos, costaba identificarla encima del escenario. Los temas que le siguieron fueron los de su gran último álbum “The Hope Six Demolition Project” y que sonaron perfectamente. Todo el concierto se basó en este álbum.

Más tarde ya se sucederían algunos de los grandes éxitos de su carrera como “Down By The Water”, esperada fervientemente por el público, o una perfectamente representada e inquietante “To Bring You My Love”, con esos misterioso aires que envuelven a la artista y que siempre lo han hecho.

Toda la actuación estuvo recubierta por un manto en blanco y negro, una penumbra y un contraste que hicieron que la elegancia resaltara por encima de todo, hizo que nos centráramos en la representación y la fuerza de una PJ, también con un atuendo totalmente negro, que se mostró muy en forma. El final dejó un regusto de exquisitez que tardó en marcharse, pero que quedará siempre en el recuerdo. Fue un concierto puro y duro.

The Last Shadow Puppets

Después de ver la actuación de Radiohead, The Last Shadow Puppets tenían una papeleta más que difícil: debían mantener el nível y las expectativas. Pero nada más empezar, a Alex Turner y a Miles Kane parecía que poco les preocupaba, y es que aparecieron encima del escenario como el que actúa delante de sus amigos, con un buen rollo que enseguida se transmitió. Vestidos al principio de traje y zapatos de punta, acabaron la actuación totalmente descamisados y en camiseta interior, realizando gestos estrambóticos y guiños de complicidad.

Estuvieron acompañados de un cuarteto de cuerdas, rasgo característico ya de la banda, que aportó una seriedad que contrastaba con las excentricidades del dúo. Pero todo junto creó una atmósfera caótica-gamberra que enganchó hasta el final. Tal fue el descontrol, totalmente consciente, que incluso el setlist del concierto tuvo un orden un tanto curioso. El repertorio se inició con los temas más famosos y reconocidos de la banda, “Miracle Aligner” y “Standing Next To Me”, hecho curioso porque eran de los más esperados. Pero no fueron los únicos, y quemaron todos sus cartuchos en apenas 40 minutos, cosa que propició la incógnita porque no sabíamos con qué nos iban a sorprender después de esto. Pensábamos que iban a bajar el pistón, pero no fue así, entre bailes, revolcones, insinuaciones, versiones y temas menos reconocibles de su primer álbum, acabaron su actuación de una manera más que sobresaliente.

Un auténtico ejercicio de diversión y elegancia para un festival que necesitaba una actuación así por parte de uno de los grandes nombres. También la duración del show fue de las más extensas de todas. Si decimos la verdad, nos hubiera gustado presenciar más conciertos como este, capaces de sorprender, enganchar y divertir. Quizás, cabría destacar también que todo el tumulto formado por el anterior concierto se dispersó de forma rápida e hizo que los que nos quedáramos pudiésemos disfrutar mejor del show.

the last shadow puppets

Tame Impala

Sabíamos que los australianos eran de los más esperados del festival y nosotros queríamos saber si iban a funcionar tocando en la jornada grande inaugural del festival a una hora tan tardía y si su reciente fama era merecida o tan sólo pasajera. En el minuto uno ya se despejaron las dudas y con un temazo como “Let It Happen”, que tocaron ya en segundo lugar, la gente se volvió loca: empezó a recoger los confetis de colores que lanzaron al cielo y se metió de lleno en el show. Se notaba que el público quería lo que estaba viendo: había empezado el festival de verdad. El show fue todo un ejemplo de buena música, un pop psicodélico sin tapujos ni fracturas con un sonido muy nítido y pegadizo. La banda no se dejó ninguno de sus grandes temas en el tintero y ordenó su setlist de forma muy inteligente y fácil a la vez, hasta que llegó la gran anécdota. De forma involuntaria, en mitad del clímax de “Eventually”, cuando la gente estaba en pleno éxtasis, la música se cortó pero casi sin que nadie se percatara, porque la gente siguió cantando la canción. Pero aparecieron unos señores con bata de doctor y ya se vio que algo no funcionaba bien. Una lástima porque les había quedado redondo. 15 minutos más tarde se reanudó la canción y terminaron su actuación con “I Feel Like I Only Go Backwards”, más confeti y “New Person, Same Old Mistakes”.

Si tuviéramos que reprochar algo a la actuación fue la lejanía de la banda respecto al público, los músicos no se movieron de su recuadro. Un Kevin Parker descalzo no se desplazó hasta el final del repertorio de su alfombra. A pesar de esto, fuimos unos privilegiados al poder vivir uno de los mejores conciertos del festival que tuvo todos los elementos necesarios para que, sin excesivos adornos, fuera todo un éxito. Es de aquellos shows que a uno se le quedan guardados en la memoria.

tame impala

Todas las fotos son del Team Perrolín

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